
Por Nathalie Cely | junio 2026
A cinco meses de las elecciones seccionales, el presidente Daniel Noboa anunció una nueva edición de Jóvenes en Acción: 150.000 cupos, una “inversión” de 180 millones de dólares y la promesa de que los jóvenes inicien actividades laborales por tres meses. La fotografía es impecable. Conviene empezar por los números, porque cuentan buena parte de la historia. Ciento cincuenta mil jóvenes, por 400 dólares, por tres meses, dan exactamente 180 millones: la cifra que se presentó como “inversión” no es otra cosa que la suma de los bonos. Dentro de ese monto no hay una línea para formación certificada ni para vínculo con empleadores. Y las “actividades laborales” —en la edición anterior, labores en la estación del tren de Ibarra— son tareas de principiante, sin relación con la carrera de quien las hace. Llamarlo “primer empleo” es generoso; llamarlo “capacitación” es inexacto.
Y no es un hecho aislado: es un patrón. Desde que entró en campaña por la reelección, el Gobierno convirtió la creación de bonos en una constante que coincide con el calendario electoral —Jóvenes en Acción y Ecuatorianos en Acción, bonos para policías y militares, agricultores, emprendedores, transportistas—. En 2025, Ecuador llegó a unos veinte tipos de bonos, con más de 755 millones de dólares solo en transferencias creadas ese año. El Gobierno los justifica por emergencias reales, y un piso de ingreso para los ecuatorianos vulnerables tiene valor. El problema es doble: que coincidan con la campaña y que se presenten como inversión cuando son consumo. Un dato lo resume: la Proforma 2026 asignó a Jóvenes en Acción apenas un millón de dólares; ahora, a cinco meses de las urnas, reaparece con 180. De un millón en la proforma a 180 millones en campaña: ese salto dice más que cualquier discurso.
Lo más frustrante es que Ecuador ya supo hacerlo mejor. Desde el gabinete conocí de cerca Mi Primer Empleo, creado en 2007 y vigente por más de una década: no entregaba un bono por tareas genéricas, sino que ubicaba a jóvenes de educación superior en prácticas preprofesionales emparejadas con su carrera, con entrevista, formación en habilidades blandas y derechos laborales, seguimiento y —al terminar— un certificado. La diferencia no es de matiz, es de naturaleza: una práctica en tu campo deja experiencia pertinente y una credencial verificable; una tarea de tres meses de tareas de entrada al mundo laboral público deja solo un recuerdo. Y los buenos programas sobreviven a los gobiernos: Mi Primer Empleo operó a través de varias administraciones. Esa permanencia es la marca de una política pública de verdad, frente al lanzamiento y relanzamiento antes de una campaña electoral.
La experiencia comparada lo confirma con una ironía casi perfecta. Existe otro “Jóvenes en Acción”: el de Colombia (2002-2005), uno de los casos de empleo juvenil más estudiados de la región. Mismo nombre, diseño opuesto. No era un bono: era capacitación —aula más práctica en una empresa— para jóvenes del quintil más pobre, y se evaluó con rigor. El estudio de Attanasio, Kugler y Meghir halló efectos positivos y persistentes en ingresos y empleo formal, sobre todo en mujeres, que perduraban años después. La evidencia amplia es honesta en sus matices —no todo programa de capacitación funciona—, pero clara en algo: lo que distingue a los exitosos es el diseño, no el eslogan; y la creación directa de empleo público temporal, ocupar a la gente en tareas por un estipendio, es el formato con peores resultados de empleo duradero. Es, precisamente, el que eligió Ecuador.
¿Qué podrían comprar 180 millones tratados como inversión? Con cerca de 1.200 dólares por joven —exactamente lo que hoy se entrega como bono— se financia una beca de certificación en una ruta tecnológica de demanda real: datos, nube, ciberseguridad, inteligencia artificial aplicada. Con tres cosas que el bono no tiene: vínculo con empleadores, una credencial que el joven conserva y pertinencia con un mercado que cambia rápido. Lo sé porque lo hacemos en Mujer Digital, y el modelo es escalable a todos los jóvenes. Y aquí la paradoja más punzante: la inteligencia artificial está eliminando justamente las tareas rutinarias y de entrada. Pagar a 150.000 jóvenes por hacer tareas de principiante, cuando esas son las primeras que la automatización vuelve obsoletas, es invertir el sentido de la urgencia.
Distinguir entre invertir de gastar no es difícil; basta hacer las preguntas correctas, y ninguna tiene que ver con el tamaño del anuncio. ¿Deja una credencial portátil? ¿Está atada a la demanda real del mercado? ¿Se evalúa después? ¿Sobrevive al ciclo electoral? ¿Se diseñó con quienes conocen el mercado laboral? Un programa que se anuncia a las puertas de una elección, que llama “inversión” a la suma de los bonos, que ocupa a los jóvenes en tareas que la tecnología podría volverlas obsoleta y que no deja credencial ni evaluación, se parece mucho más al populismo electoral que a la inversión de impacto. La buena noticia es que la alternativa no hay que inventarla: ya la tuvimos con Mi Primer Empleo, ya la probó Colombia y ya la hemos practicado en Mujer Digital. Menciono este último caso no para solicitar ni promover financiamiento público —el programa nació y ha operado de manera independiente, con el respaldo de aliados privados y de la sociedad civil— sino porque demuestra que es posible formar talento para los empleos del futuro con resultados medibles, credenciales verificables y una conexión real con las necesidades del mercado laboral. La evidencia existe. Lo que falta es la decisión de replicar lo que funciona.
Solo hay que decidir que el futuro de los jóvenes vale más que una fotografía —y exigirlo en voz alta. Un bono de tres meses se gasta. Una certificación se queda. Esa es toda la diferencia entre comprar tiempo y construir futuro.
Fuente: Datos de Jóvenes en Acción y del inventario de bonos 2024-2025: Primicias, El Universo, Radio Pichincha, KCH y Lupa, y el Ministerio de Desarrollo Humano. Presupuestos del programa (93 millones en 2025 para 75.467 jóvenes; 1 millón en la Proforma 2026): Primicias. Mi Primer Empleo: Ministerio del Trabajo del Ecuador y Norma Técnica MDT-2018-0183. Jóvenes en Acción de Colombia: Attanasio, Kugler y Meghir (2011) y su seguimiento de 2017; metaanálisis global: Kluve et al. (2019). La cifra que el Gobierno presenta como “inversión” corresponde, según la aritmética del propio programa, a la suma de las transferencias, no a un gasto verificado en formación.
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